El faro de la isla de Lobos

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En 1790 el Capitán de Navío Santiago de Liniers aconsejaba la construcción de torres y atalayas en la costa de Maldonado, una de ellas en la isla de Lobos, como forma de colaborar con la navegación y evitar naufragios.

Escrito por:

Fernando Cairo
Puerto de Isla de Lobos
Fotografía: ©
Fernando Cairo

En 1853 el representante por Maldonado Pedro Bustamante expresaba “…mucho convendría establecer en la Isla de Lobos un fanal que sirviese de guía a los navegantes para evitar los peligros de la costa e islas adyacentes…” Su iniciativa encontró una acogida favorable en el parlamento y se nombró un comisionado con la finalidad de estudiar el lugar más conveniente donde instalarlo. Finalmente en 1858 se instaló un primer faro en la isla. Se trató de un farol que funcionaba a aceite.  Su luz era fija, si bien no se realizaron obras estructurales de magnitud, estaba elevado a 90 pies sobre el nivel del mar y era visible de 12 a 15 millas de distancia. Su duración fue efímera, ya que los concesionarios de la explotación lobera (Alejandro y Samuel Lafone) lograron que lo eliminaran al inaugurarse el faro de Punta del Este en 1860.

Debido a los numerosos naufragios ocurridos durante las siguientes décadas en las proximidades de la isla, la opinión pública y representantes de empresas marítimas insistieron sobre la construcción de un faro en Lobos. Tal fue así que en 1893 un grupo de agentes de vapores le propusieron al gobierno la construcción de uno en la isla. Los gastos ocasionados correrían por cuenta de los proponentes hasta que el Estado, con el importe del impuesto de faros, hubiera cubierto el costo de la obra pasando entonces a ser propiedad de la República.

Todas las propuestas presentadas hasta 1906 encontraron como principal obstáculo la persistente oposición de los concesionarios de la matanza de lobos en la isla, quienes argumentaban que la presencia de un faro con su potente luz y el movimiento constante de personas ahuyentaría a las lobadas. El Estado recibía grandes beneficios de la explotación lobera, lo mismo que los departamentos de Maldonado y Rocha. Los concesionarios de las islas abonaban al Estado anualmente una cantidad de dinero que variaba de año a año, según los volúmenes de la matanza, pero representaba una fuerte fuente de ingresos.

En noviembre de 1900 naufragó el barco “Paraná” proveniente de Nueva York con 1.783 toneladas de mercaderías con destino Montevideo y Buenos Aires. La prensa, luego de describir el percance, afirmaba: “…Sin embargo el mal tiene remedio; y solo la desidia de los gobiernos no lo ha aplicado ya, ahorrándonos el triste espectáculo que nos han dado los innumerables buques encallados en estos parajes. Este remedio, cuya eficacia no se discute, según lo hemos dicho, consistiría en la construcción de un faro en la isla de Lobos (…) después de todo, entendemos que no vale la pena de que se cuide con tanta mimosidad la riqueza lobera, cuando estamos corriendo riesgo de desacreditarnos a los ojos de todo el mundo como país inhospitalario, del punto de vista de las garantías que ofrecemos a la navegación. Ese faro debe construirse sin más dilaciones. Ojalá el “Paraná” sea la última víctima de la indolencia de nuestros gobiernos…” (“La Idea Cívica” 4/11/1900).

Finalmente en junio de 1903 el Poder Ejecutivo decidió la construcción del ansiado faro. En octubre se trasladó a la isla el Ing. Víctor Benavídez, “comisionado por el Ministerio de Fomento para efectuar los estudios previos necesarios antes de la construcción”.  En 1905 la obra se encontraba adelantada. En mayo de 1906 ya estaba terminada la obra de fábrica, faltando aún el revoque y la instalación de la linterna.

El nuevo faro construido tuvo una altura de 49,50 metros sobre el nivel del suelo, su basamento es de granito y mide 9 metros. El resto de la construcción es de cemento. La plata es cilíndrica, de 12 metros de diámetro, “dando asiento a una pared de granito labrado con cuatro metros noventa centímetros de espesor hasta los seis metros de altura”. La primera linterna utilizada fue construida por la Casa Barbier de París, tuvo una potencia de 1.130.000 bujías decimales y su luz se proyectó a una distancia de 42 kilómetros y era blanca. La linterna estuvo servida por un aparato a petróleo de presión neumática, sistema primus. Los lentes giraban mediante un aparato de relojería, daban una rotación completa  en 20 segundos, de modo que de foco a foco, mediaba un intervalo de cinco segundos.

El faro fue oficialmente inaugurado el 18 de julio de 1906. Se colocó una placa alusiva. Se sirvió un almuerzo a las autoridades asistentes; se brindó porque “…la obra de trascendental importancia que encarna un mérito para Maldonado, como que es un paso de conquista en el sentido del progreso nacional, la consumación de los ingentes sacrificios que han traído por resultado, la augusta presencia del gigantesco faro de Lobos…” (“Vida Nueva” 29/07/1906).

El día de la inauguración la firma Cavallo Hermanos resolvió que el vapor “Maldonado” realizara un viaje a la isla con todos los vecinos que desearan participar del evento. El costo del pasaje ascendió a $ 1. Desde Montevideo concurrió el vapor “Ingeniero”, que trasladó a las autoridades. Asistieron el Ing. Víctor Benavídez, el Coronel Alfredo Costa (Cap. de Puerto), el Dr. Acosta y Lara, el Ing. Abel Fernández, y los señores Eduardo Kayel, A. B. Powers, Silvio Costa, Orosmán Acosta Viera, el capitán del “Ingeniero” Cotans, entre otros.

En la ocasión hizo uso de la palabra el constructor contratado Sr. José María Claret “…quien desde su comienzo ha estado sin abandonar un instante estas apartadas regiones, dio lectura a un conceptuoso discurso (…) Preparado el ambiente por las patrióticas expresiones del señor Claret, el joven Orosmán Acosta Viera indicó también su interés en hacer uso de la palabra y dio lectura a una extensa composición poética (…) El señor Ingeniero Benavídez, el Coronel Costa, el Dr. Acosta y Lara y el constructor de las obras hicieron espontáneos brindis por el progreso nacional y por quienes a él propenden con patriótico interés. No son tampoco de olvidar las simpáticas apreciaciones que hizo el señor A. B. Power, norteamericano de nacionalidad, pero que conceptuó a esta patria como la suya, dados los estrechos vínculos que a ella lo unen. Terminó este acto en medio de las más cordiales manifestaciones de amor al progreso pues se vivó al adelanto nacional, a los directores de la importante obra…” (Idem. anterior).

Los asistentes a la inauguración esperaron a la noche para apreciar la luz del nuevo faro.

El costo de la obra realizada fue de $ 62.603,60.- desglosándose de la siguiente manera: $ 24.846.- correspondiente al importe de los aparatos luminosos; y $37.756,90.- a la construcción de la torre. El concesionario de la construcción fue P. J. Fretz.

 

Con la construcción del mismo disminuyó notablemente la pérdida de navíos en la zona.

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